A MIS AMIGOS DE LA FILMO (FILMO´S FRIENDS)

Pido recordar siempre,
que lo importante son las personas,
ni los lugares, ni lo que representen.
Pido veros de la misma manera,
tan alegres y convencidos,
de que todo va y va a ir bien.
Pido que si por alguna razón,
no fuera así me lo digáis,
que depositéis en mí,
la confianza para poder,
resolverlo juntos.
Pido sentir tan cercano,
vuestro abrazo como hoy,
y notar que al igual,
que vosotros en mí,
he dejado una grata huella,
en el fondo de vuestro corazón.
Pido seguir viviendo,
cada visita como si estuviera,
en el hogar de esos entrañables amigos,
que ahora de verdad os considero.
Pido seguir teniendo la fuerza, el coraje y la fe,
que me acompañan en cada trayecto de tren,
que me separa de vosotros.
Pido, pero sobre todo doy gracias,
por haber tenido la suerte,
de cruzarme en vuestro camino.
Pido y con un gran beso me despido,
deseando ser el alma de vuestra fiesta,
o la compañía silenciosa, si así es preciso.
Gracias de nuevo por lo que me habéis,
y os he aportado y seguiremos…
De verdad lo espero y quiero amigos.

LA NIÑA QUE VIVE EN MÍ

La niña enferma que hay en mí me reclama,
solloza pesarosa en mitad de la noche,
la tristeza implacable le atenaza
y me llama con gritos desconsolados.
Se que me necesita aunque yo quiera huir,
pero los pensamientos me conducen de nuevo,
a lugares que creía olvidados…
Y la madre que hay en mí,
se compadece de su dolor,
ofreciéndole el necesario abrazo.
-¿Qué te pasa mi dulce niña?
-Otra pesadilla, pensé que te habías ido- me dice
repentinamente aliviada por mí presencia.
-Sigo aquí nenita, nunca voy a marcharme-contesto tranquilizadora.
¿Te duele algo?
-La tripita
Y se perfectamente que es, esa angustia que atraviesa el alma
y duele en el centro del corazón.
Por un momento me irrito pensando: “otra vez lo mismo”
Entonces el dolor se hace más persistente,
me obliga a reflexionar y conjeturar,
que efectivamente es necesario,
volver a aquel momento,
para valorar que nada tiene que ver con el presente.
Que la historia no va a repetirse,
y que las separaciones temporales,
son solo eso y que además ayudan,
a la independencia de las personas.
Pero la niña interior que vive en mí,
a regañadientes acepta esto y se queja,
buscando mi eterna compañía.
Y cojo sus manitas, de quizás 7 u 8 años,
empapándome de su pesar,
para poderle transmitir la esperanza,
que presiento pide con cada gesto.
-Tranquila, mi cielo- le susurro.
Será solo un ratito…
Cálmate y respira,
recupera el sueño y la tranquilidad,
así la tripita sanará.
Y ella me mira un poco más sonriente,
confiada de mis palabras, mi fe y aparente seguridad,
tratando de sacar de sus sueños los temidos monstruos,
e intentando abrir los ojos a una nueva luz.
Permanezco a su lado, en el borde de la cama,
inmensamente agradecida de su presencia,
porque me hace ser más humana.
Le perdono estos días y le acompaño en la vigilia,
abandonándome a lo que surja en mi mente.
Y recuerdo la conversación de la mañana en el tren,
con el amigable terapeuta argentino,
que comparte mi trayecto y me anima el viaje,
regalándome una frase: “debemos mirar siempre para adelante”.
Así ha de ser concluyo y por un instante, dejo un poco de lado
a la niña que habita en mí para echar un vistazo alrededor…
Y no puedo por menos que sentirme emocionada,
por la gran suerte de tener a mi linda hijita,
que me ayuda día a día a mejorar,
aunque a veces ello,
me obligue a revisar creencias,
retornar a mi niñez y curar
a la pequeña y dulce niña que vive en mí.

VALDEMORO

Valdemoro amanece…
Como cualquier lugar tal vez,
pero con aires de antaño.
Sus tejas se tiñen de colores de otras épocas,
iluminadas  por el profundo destello,
de los rayos que apenas despiertan.
Valdemoro bosteza…
Sintiéndose villa de ferias y ganados,
rescatando los recuerdos,
de fiestas y corridas taurinas,
con el pensamiento de que siempre,
será verde y luminoso,
como un campo recién segado.
Valdemoro se levanta…
Con paso firme y decidido,
evocando en cada calle o fachada,
el esplendor de su día a día.
Resurge del letargo del sueño,
de la noche acompasada y lluviosa,
buscando matices en la frondosa naturaleza.
Valdemoro almuerza…
Con gente que pasea y visita,
sus múltiples edificios.
Escucha los murmullos de noticias
presentes y futuras,
en la aparente quietud
de su espíritu inanimado.
Valdemoro sestea…
Mientras el calor de las casas,
inunda sus calles frías de invierno,
pero siempre hospitalarias,
al peregrino que llega,
buscando en su historia
ecos de duques y reyes.
Valdemoro atardece…
Entre fogones y libros.
Se regocija con las risas y juegos de los niños,
que siembran de alegría,
sus paseos y avenidas.
Se prepara y recoge presuroso,
la cosecha fértil,
de otra jornada más de dulce sosiego.
Valdemoro duerme…
Con ruedas de carro y sillas de mimbre,
Agradeciendo y reviviendo cada segundo,
de lo que fue, es y será.
Se despide con amor y cariño,
sin olvidar jamás, que bajo el lustroso pavimento
se esconde el corazón de un humilde y cariñoso pueblo.

HERMANOS

Hermanos, compañeros de sol y de luna
de obsoletas y desterradas trincheras,
de fotos antiguas y recuerdos rotos,
por el inescrutable paso del tiempo.
Hermanos, amigos inestimables
de leales confesiones
y absurdos remordimientos,
de una niñez mal concebida.
Hermanos, queridos y adorados
en largos sueños de invierno,
aletargados en el baúl,
de la aturdida memoria.
Hermanos, defensores a ultranza
de maltratos tristes y ruines,
sembradores de estrellas,
en las noches ausentes de luz.
Hermanos, encargados sin razón
de acunar perdidos desvelos,
con la secreta devoción,
de hacer retornar al Hada de los Sueños.
Hermanos, decididos protagonistas
de preguntas ocultas en el aire,
pululando inquietas,
en busca de certeras respuestas.
Hermanos, palabras quebradas
de frases nunca dichas,
por miedo a que se evapore,
la magia que impregna el ambiente.
Hermanos, realidad y fantasía
locura y cordura,
enrevesadas a hierro forjado,
en el rincón de cada alma.
Hermanos, cara y cruz
de una misma historia,
por nosotros apenas contada,
pero impresa en cada gesto.
Hermanos, héroes en el diván
de nuestra mutua compañía,
aprovechando los lánguidos instantes,
que nos ofrece el día a día.
Hermanos, imposibles e impasibles
ante cualquier circunstancia,
por la inherente costumbre,
de sobrevivir con astucia.
Hermanos, maestros abnegados
en el arte de la observación,
aparentemente cada uno por su lado,
pero atentos a cualquier petición.
No hay principio ni fin, ni gracias en exceso
porque ni aquí, ni en otro confín
nadie podría negar que sois…
Mis Hermanos.

GATO

Tu mirada vuelve a ser transparente,
te presiento tranquilo y confiado de nuevo.
Antaño, tus ojos andaban velados
perdidos en los vericuetos de la angustia pasada.
Sentí que te alejabas de mí,
me observabas retraído desde un rincón
y sin darte apenas cuenta,
me hacías revivir tu dolor mal disimulado.
También yo estaba allí…
justo en el momento en que paró tu reloj,
para zambullirte en las sombras,
de la desazón y las dudas,
de sí habría un nuevo despertar.
Y lo hubo gato de espuma,
de nieve, de glaciar e iceberg.
Volviste presintiendo que yo te esperaría
y tú agonía se tornó la mía,
en la lentitud de las horas,
en que tú herida sangraba
y mi corazón se encogía,
como si un invisible puño lo atrapara.
Decidiste, en ese fugaz instante
devolverme la calidez amarilla,
que emanaba cual sol de tu vista,
inmensamente cansada.
Tocaba curar con cariño,
el zarpazo que te dio la vida,
pero estabas de vuelta a mi lado
y eso lo compensaba todo.
Quédate conmigo, susurré bajito
y un tenue maullido tranquilizó el ambiente,
de bisturís y agujas demasiado grandes,
para un cuerpo tan pequeño y frágil.
Hoy, reímos ante la ausencia
de tan llamativa cicatriz,
aún sabiendo,
que en el fondo de tu corazón gatuno,
todavía revives aquel delicado momento.
Entonces retornas del lúgubre exilio,
y tus bigotes se componen,
mientras acaricias con delicadeza mis piernas.
Has regresado y no hay mejor regalo para nosotros.
Mi querido gato, bandolero y delicado caballero,
eterno superviviente y perfecto ejemplo,
de las 7 vidas que conmigo
me propongo que elijas vivir.
Te has ganado con esmero,
el título de valiente guerrero,
que en el fondo siempre has sido y serás.

FE

Observo con fe el mundo
en cada parada del día.
Habita en cada pequeño trayecto,
dispuesta a salir como un pequeño destello luminoso,
apenas perceptible en el bullicio diario.
Sonrío ante cada gesto,
por diminuto que pueda parecer.
Desde la posición privilegiada,
que concede el deseo de aprender,
la vida me muestra con candor,
su dulce cara de niña traviesa.
Sencillo…es así de sencillo
me digo a mi misma.
Entonces, un hombre cualquiera
perfecto en su perfecta grandiosidad,
le cede el asiento a otro,
que a pesar del tiempo y el poco espacio,
que le separan de su mujer,
desea estar a su lado.
Aprecio sus sonrisas de agradecimiento
y se que todo está bien,
lo poderosa que es la amabilidad
y lo excepcional que es el hombre,
en su humilde bondad.
La fe, como una semilla recién plantada,
crece dentro de mí y cada uno de nosotros,
sólo necesitamos creer…
Somos puros y parte del mismo mar,
ante las adversidades unimos nuestras fuerzas
y el camino y la ayuda mutua
nos hacen retornar a lo que  en verdad,
hemos venido a hacer.
No obstante, a veces nos anclamos en la idea
de que somos sólo racionales,
huyendo de lo espiritual y sensible.
Pero en cada letra de cada canción,
siempre sin excepción,
aparecen latentes esos sentimientos
que inevitablemente nos alcanzan,
aunque sea sólo un leve murmullo.
Esos pequeños instantes, que quiero hacer inmensos
como la inmensidad de las olas
que tanto me calma admirar,
me ofrecen la alegría que gusto,
compartir conmigo y contigo,
contigo y conmigo.
De nuevo, me río bajito
y presiento  que el día
no ha hecho más que comenzar…

LAS CARTAS

Tengo miedo- Me dijo
¿De qué?- Le dije
De lo que soy, de lo que puedo llegar a ser- Me dijo
Baraja tus cartas-Le dije
¿Qué cartas?- Me dijo
Las de tu vida- Le dije
No entiendo- Me dijo
Escucha el sonido, la vibración dentro de ti- Le dije
¿Qué es eso?- Me dijo
Eres tú misma- Le dije
No sé donde estoy, ni como buscar- Me dijo
Siente el latido, acompaña su ritmo- Le dije
¿Dónde está?- Me dijo
Habita en ti... reanuda la partida- Le dije
Me aprisiona el miedo- Me dijo
Déjalo salir, haz que forme parte de tu día a día- Le dije
Me ahogará si le permito existir- Me dijo
Es tu elección y puedes decidir convivir con él- Le dije
¿Cómo?- Me dijo
Con la sabiduría del que ha recorrido mil caminos- Le dije
Pero es más fuerte que yo- Me dijo
Y tú lo aceptas tal cual es y por eso pierde importancia-Le dije
Ya entiendo- Me dijo
Lo sé- Le dije
Cuando algo deja de tener valor para mí,
se hace invisible, evaporándose su poder- Me dijo
Has jugado tus cartas- Le dije
Ya no necesito comodín, sé como ganar- Me dijo
La partida continúa y sólo tú decides el final- Le dije
Aprenderé a prestar atención a mi interior- Me dijo
Que así sea- Le dije
Y me fui, alegre y confiada… con la certeza de que un día más,
había conseguido serle útil a alguien y aclarar esos caminos,
que muchas veces nos empeñamos en hacer difíciles y tortuosos.
¡Qué día tan estupendo!- Me dije- y por un momento olvidé que fuera, los relámpagos, entonaban una hermosa canción dedicada única y exclusivamente para mí.